Sigo por mi periplo por la EGB, y hoy toca 3º y D. Rufino. Probablemente el profesor que más a marcado mi infancia. Es uno de los "tipos" que ha conseguido llegar más y mejor a los niños, tanto como persona como profesor.
Sigo sin recordar detalles concretos de esta época, y solamente tengo sensaciones y emociones.
Sólo recuerdo que cuando terminamos en el colegio, y una vez en bachiller, visité en dos ocasiones el colegio, y el único sitio donde me sentí realmente cómodo fue en la clase de D. Rufino.
Por supuesto, también recuerdo la enorme conmoción que supuso la noticia de su muerte.
Desde esta modesta publicación, quisiera dedicar estas líneas a esa gran persona, enormemente simpática, dura cuando hacía falta, y siempre preocupada por nuestra educación, que fue D. Rufino, D.E.P.
Un saludo a todos.
Noguerón.
Hola Amigos:
ResponderEliminarEl comentario de este Viernes de nuestro querido Noguererón habla del mejor profesor que he tenido en mí etapa escolar, me dio clase en 3º de EGB y guardo un recuerdo entrañable de esta persona,me sumo a tu dedicatoria.
UN ABRAZO.
Andrés López Martínez.
Comparto la opinión de mis amigos Nogeron y Andres, como uno de los profesores de los que más cariño y buenos recuerdos le tengo.
ResponderEliminarLlevo varios días intentando recordar algo sobre éste año en concreto, y de los vagos recuerdos que tengo son dos principalmente.
Uno de ellos es la cartera que llevaba (era dos veces mi cuerpo) y de color rojo fuego de aquellas que por entonces se llevaban hechas con una imitación a cuero.
El otro es de los recuerdos malos que te quedan, y es salir de la clase con una cartera que pesaba el doble que yo, corriendo por la rambla de las señoritas delante de mi compañero de pupitre, el cual no estaba deacuerdo con las rectificaciones que le habia hecho en clase.
UN SALUDOS A TODOS/AS.
Yo tengo un par de recuerdos sobre la manera de dar clase de Don Rufino:
ResponderEliminarUno es que poco antes de salir, a eso de las 12 menos cuarto (entonces el horario era de 9 a 12 y de 15 a 17), nos colocaba a todos en fila, y nos iba haciendo preguntas de los temas que habíamos dado. Si no acertabas, te ibas al final de la fila, y si acertabas, te podías ir a casa. Así hasta las 12:30, que era el tope de tiempo en aquellos tiempos. La verdad, creo que Don Rufino me ayudó más que nadie a querer estudiar.
El otro método era que nos juntaba de dos en dos: un alumno más revoltoso con otro más tranquilo. Si alguno hacía alguna travesura, castigaba a los dos a ponernos de rodillas. Creo que nunca me castigaron tanto, pero la verdad, me reí un montón aquel año.
Sí, Don Rufino fue de los mejores.